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Casos sobre Educación emocional

Casos sobre Educación emocional

Os animo a compartir casos relacionados con la educación emocional. En particular, aquellos orientados a cómo desarrollar la asertividad, el autocontrol, el autoconocimiento y la empatía.

¡Muchas gracias!

Ánimo!

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7 comentarios

Patricia Mackay Alvarado -

TODO TIENE SU COMIENZO, LA INTELIGENCIA EMOCIONAL TIENE EL PROPIO:
EL AUTOCONOCIMIENTO.

El caso de Javier:
En toda entrevista inicial que se realiza en un consultorio psicológico, se pretende obtener el denominado motivo de la consulta, recuerdo que en esta oportunidad me fue muy difícil obtener sobre todo el motivo latente, realmente no entendía porque Javier (le vamos a llamar de esta forma porque a este chico en particular le fascinaba buscar a Javier el símil de Waldo en uno de los diarios locales) estaba frente a mí, llamado por su madre un chico problema tanto en casa como en la escuela.

Después de una larga hora en la que la madre habló de lo que quiso, ignorando mis preguntas (prácticamente realizó una catarsis, se le veía cargada y abrumada) y repitiendo una y otra vez que Javier era un problema que no era como sus hermanas brillantes, de buenos modales y de buen comportamiento obtuve la siguiente información de Javier: Tenía en ese tiempo 10 años de edad cronológica, cursaba el 5° de educación primaria (elementary school) de una prestigiada escuela bilingüe. Sus padres recién se divorciaron 9 meses atrás a la fecha de la consulta, y desde entonces su rendimiento y conducta sufrieron cambios, y no para bien.
En la escuela, de pronto comenzó a sentarse al final del salón, se burlaba de los chicos y chicas con buenas calificaciones, y si los maestros les felicitaban frente al grado, seguro era, que Javier se encargaba de quitarles la satisfacción con alguna travesura y en ocasiones hasta les propinaba empujones y patadas. Me resultó curioso que en casa ocurría lo mismo cuando elogiaban a sus hermanas.

El padre tardó 5 convocatorias para presentarse al consultorio, y en cuanto a sus hijos, si llegaba a visitarlos no ajustaba la frecuencia de 1 vez por mes, y cuando lo hacía, aparecía con sendos regalos para las niñas y con uno muy pequeño para Javier diciéndole al entregárselo que si quería uno más grande tendría que ganárselo, pues no aguantaba las quejas de su madre en cuanto a su mal comportamiento en casa y en la escuela. Imaginen el dolor de Javier y todo lo que se producía en su interior ante semejante “motivación” como a este acto de crueldad llamaba su padre, y así no les será extraña la gama de reacciones de Javier. Por veces atesorar el regalito, y en otras, estrellarlo contra el piso con rabia, o que luego los obsequios de las hermanas de pronto aparecieran en el jardín un tanto dañados.

Ya en nuestras sesiones de trabajo, Javier expresó –ya sé porque mis papas no me quieren, no me quieren porque soy tonto, porque no sirvo para nada, mis hermanas no dejaron cerebro para mí. En las subsiguientes, en un ejercicio velozmente enlisto 5 de sus defectos, y ninguna virtud o cualidad. En ese momento me percaté que bajo su montaña de circunstancias se escondía un factor etiológico importante, Javier no se conocía, su auto-concepto estaba formado por contenidos lanzados por sus referentes, referentes patológicos que convirtieron a Javier en el blanco de sus desplazamientos, en el paciente indicador de esta disfuncional familia. Procedí entre otras muchas acciones a la aplicación de pruebas de inteligencia, personalidad, habilidades, etc.. para brindarle científicos contenidos y sustituir las disminuidas ideas de sí mismo.

Esos ojos brillantes y llorosos, de orgullo y sorpresa a la vez jamás voy a olvidarlos, esos ojos que hablaron de lo que es saberse inteligente con un coeficiente intelectual de 132. Ese saberse con valía.

Javier resultó talentoso para las matemáticas, para la música y el teatro, tomó las clases extracurriculares en las artes de su escuela, formó una banda a los 12 años de edad, participó en todos los actos culturales de su escuela. Y abandonó las conductas de agredir a quienes se elogiaban en su entorno.

Este caso fue de rápidos avances con Javier, mientras sus padres seguían en la tónica de discutir, de lanzarse las culpas del divorcio, y con unas ideas bien intencionadas pero con efectos perniciosos de como se deben criar los niños.
Varias sesiones las hicimos en familia, otras solo los hermanos. Llevó mucho trabajo de educación para los padres, al mismo tiempo que ambos fueron remitidos a procesos propios de psicoterapia.

La escuela como organización jugó un papel importantísimo, permitió las observaciones, patrocinó reuniones del cuerpo docente con los padres de Javier, reconocieron que habían etiquetado a Javier como un problema , que no se dieron a la tarea de ver sus características positivas, y que ahora que las conocían, ayudarían al máximo para integrar socialmente, y estimular la expresión artística de Javier. Y efectivamente así lo hicieron.

Javier es sin duda el vivo ejemplo de que mucho de lo que pensamos de nosotros mismos, que mucho de lo que sentimos, y de lo que actuamos comienza valga la redundancia, en el principio, en el auto-conocimiento.

Silvia Serrano -

Actualmente estoy dando un curso para mujeres desempleadas y de forma transversal estoy trabajando la “educación emocional”. Muchas de ellas tienen una autoestima baja debido a su bajo nivel de estudios y a una experiencia laboral poco satisfactoria. Por ello utilizo diferentes dinámicas de grupo en las clases para que sepan identificar sus emociones, expresarlas y asimilarlas. Una actividad planteada fue entregar un listado de características personales donde tenían que escribir si se identificaban con ese adjetivo y porqué (por ejemplo, trabajadora, honesta, extrovertida, tenaz….) esta actividad sirvió para que se plantearan cuántas virtudes poseían que no se valoraban. Otra actividad consistió en realizar una dinámica de resolución de conflictos y consenso (“Viaje a la luna”) en la que surgieron pequeñas disputas que tuvieron que solventar. Al finalizar se reflexionó en gran grupo cómo se había sentido (presionas, escuchadas, respetadas…). Creo que a través de actividades sencillas se puede trabajar la Inteligencia Emocional, no hace falta recurrir a complicadas teorías y ponencias. Aprender a utilizar nuestras emociones es una labor del día a día.

Ana Carrasco -

Durante mucho tiempo se ha creído que tener un alto coeficiente intelectual y una buena preparación académica era lo más importante para triunfar en la vida. Actualmente, con relación a un puesto de trabajo, se da por sentado esta capacidad intelectual y preparación técnica para desempeñarse en el empleo, y el perfil que se busca se centra más en ciertas cualidades personales, referentes todas a la inteligencia emocional, como la iniciativa y la empatía, la adaptabilidad y la persuasión, el control de las emociones y el manejo de situaciones conflictivas, la confianza en uno mismo, la motivación para trabajar para la consecución de un objetivo, el saber escuchar y comunicarse oralmente, la persistencia ante las dificultades, el espíritu de colaboración de equipo, la habilidad para negociar ante el desacuerdo, el potencial para el liderazgo, entre otras.

Todas estas cualidades tenemos que potenciar en nuestros alumnos/as. Ellos deben saber que el cociente intelectual no determina quien va a triunfar o fracasar en la vida, sino que la inteligencia emocional va a ser un factor determinante.

Además deberemos facilitarles recursos para controlar las emociones en situaciones de tensión; competencias emocionales para afrontar los retos, autocontrol y bienestar, para conseguir un desarrollo pleno de la personalidad, un mayor conocimiento de uno mismo y para prevenir y superar estados de ánimo negativos. Y esto sólo es posible con una adecuada educación emocional.
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Norberto Domínguez -

Desde el plano de la Educación, la Educación Emocional constituye una de las bases más importantes sobre la que ha de sustentarse nuestro sistema educativo. La escuela ha de interpretarse como una verdadera "fábrica de personas", que no de "eruditos mecanizados e inertes", los cuales, en muchas ocasiones, no saben entablar determinadas relaciones o vínculos sociales, precisamente, porque no se ha hecho práctica de ello.

Con mi alumnado siempre intento involucrarme al máximo en sus propios sentimientos: las personas somos estados de ánimo, no todos los días presentamos la misma "cara" y ni mucho menos las mismas proacciones ni reacciones. Como docentes, debemos acostumbrarnos a partir del nivel de desarrollo de los educandos, de sus circunstancias personales, y de todo aquello que tenga que ver con su permanente evolución.

No obstante, dicha involucración media directamente en el desarrollo del respeto entre las personas, a la mejora del clima de clase y a la considerable evolución en el plano de la motivación por asistir a la escuela.

Un saludo!

LÍDIA ARROYO -

Anteriormente ya comenté que utilicé la educación emocional para resolver y erradicar una situación de bullying que se estaba produciendo en clase contra un niño de once años, disléxico y con TDAH. El ambiente era insostenible. Las peleas se sucedían a diario y los reproches del grupo hacia el chaval eran una constante. El grupo en general rechazaba al niño por su irascibilidad, a la vez que lo provocaban para que éste perdiese los nervios y convertirse en motivo de sorna. Nunca antes se había reflexionado con el grupo el por qué de la conducta de este niño.
Recordé que hacía algunos meses había asistido a unas jornadas y que una de las ponencias abordaba los beneficios de la EDUCACIÓN EMOCIONAL en los casos de conductas de acoso escolar. Así que comencé a poner en práctica todo aquel material que nos proporcionaron.
Las sesiones se clasificaron en tres etapas, aunque previo al inicio de las mismas se pasó un cuestionario a los alumnos con el fin de delimitar aquellos alumnos que mostraban conductas agresivas (verbales o físicas), aquellos alumnos que aún sin ser parte activa en los conflictos observaban el “espectáculo” sin intervenir y aquellos alumnos que estaban siendo sometidos a situaciones agresivas. Dicho cuestionario es: Cuestionario de evaluación de las relaciones entre iguales (CESC) http://www.xtec.es/~jcollell/AP%20181.pdf
Administración del CESC http://www.xtec.cat/~cescude/BZB%20CESC.htm
- Primera etapa. Investigamos sobre qué significa la inteligencia.
- Segunda etapa. Una vez cada uno tiene su propia definición de inteligencia presento la inteligencia emocional y las diferentes tipologías de inteligencia, lo cual sorprende muchísimo a los alumnos. Ya no relacionan únicamente inteligencia con éxito escolar. www.friends.se (filmets)
- Visualización de diferentes vídeos relacionados con el acoso escolar y el cyberbulling y reflexión al respecto. Posteriormente en una sesión conjunta valoramos todo aquello que hemos aprendido, expresamos nuestros sentimientos y nuestros temores.
- El alumno por el cual iniciamos esta programación decide explicar al grupo qué es lo que le sucede. Cuenta su experiencia como alumno disléxico y con TDAH a lo largo de toda su escolarización. Se crea así un clima de empatía y respeto hasta ese momento inimaginable en el aula. Finalizamos la sesión volviendo a pasar el cuestionario sobre bienestar en el aula propuesto en las jornadas anteriormente mencionadas. Como es de imaginar el resultado ha mejorado muy positivamente.
Por si resulta de interés adjunto el link a la página dónde de forma clara y concisa se dan las pautas para llevar a cabo las etapas detalladas anteriormente:
http://www.xtec.es/~jcollell/index.htm
Las tres páginas web anteriores se complementan entre sí y son todas ellas necesarias para poder llevar a cabo la actividad.



Vicente Esbrí -

Nuestra cultura está invadida, de manera exagerada, por la supervaloración de la razón con el deseo de mostrar, por vía única, que los humanos somos seres estrictamente racionales y ello es lo que nos diferencia de los animales. Es más, se considera la emocionalidad como oscurecimiento del entendimiento y restricción de la razón, algo indeseable que conviene ocultar so pena de ser considerado irracional, ilógico, arbitrario, incontrolado o absurdo.

De ahí que muchas veces se confunden o tergiversan aspectos que son ajenos a la razón, reduciendo y en ocasiones reprimiendo, la expresión de códigos emocionales que son básicos no sólo para vivir en armonía con los demás sino para la propia supervivencia de la especie humana.

Hay otra forma de hacer las cosas con menor tensión, mayor amabilidad y sosiego, en suma con resultado mejor para todos. Otro modo de hacer, aplacando el estruendo de la máquina racional para poder escuchar la maravillosa sonoridad de las emociones.

Desde las emociones, desde la “inteligencia emocional” en palabras de Daniel Goleman, podemos incorporar una actitud de consideración y empatía hacia los demás cuya motivación es emocional y se corresponde por un interés genuino por el otro, en la medida de facilitar el bienestar junto con otros, a tenor de posibilidades emocionales.

Sólo cambiaremos el mundo a medida que cambiemos el mundo interior. Cuando humanicemos las relaciones con otros seres humanos y con nosotros mismos. No tenemos porque generar a nuestro alrededor tensión innecesaria: miedo, resentimiento, confusión, envidia, tristeza, vergüenza, culpa, arrogancia, ironía… Así pues, si yo sé donde estoy en mi emocionalidad, es decir, ni más grande ni más pequeño, lo único que quiero es ser más consciente de lo que hago y disfrutar (disfrutar, incluso en un examen tipo “test”, o cualquier otro del Master) de lo que yo haga, generando un ambiente donde las personas de mi entorno, juntas y conmigo, podamos avanzar en todos los aspectos posibles. El diálogo que subyace es del siguiente tenor: “Déjame conocer tus emociones y estados de ánimo y así podré estar contigo disfrutando de saber como eres, y al mismo tiempo como soy”. En nuestras relaciones nos perdemos mucho si no valoramos las emociones, más aún, en que emoción específica nos encontramos que es ni más ni menos aquella desde la que actuamos.

Como sabemos por experiencia más no es igual a mejor. Hacer más cosas no es lo mismo que hacerlas mejor. Haciendo menos cosas, las apropiadas, si cabe la posibilidad de hacer más con “menos”. Esto quizás pareciera imposible o inadecuado en nuestra habitualidad en la que corremos y corremos azuzados por la acumulación, la ansiedad para sacar provecho de todo, rentabilizar cualquier acto y un largo etcétera que incluye la carestía de tiempo siquiera mínimo, no quedando espacio para dedicar a aquellos a los que nos debemos, ni para aquellos de los que no obtenemos un beneficio inmediato. Con tales comportamientos hacemos mal uso de nuestra emocionalidad, cuando no la dejamos en “el pozo del olvido”, a pesar de que ella siempre nos acompaña. Y desde nuestro pensamiento “mecanicista- racional” nos embarcamos en multitud de acciones que no añaden valor a nuestra evolución y desarrollo personal, posponiendo y/o clausurando aquello que nos sería enriquecedor.

La emoción es un elemento inseparable del ser humano. Es imposible no sentir y actuar desde una emoción, con independencia de su naturaleza. Además la emoción es acorde con el tipo específico de observador que somos respecto a la realidad observada. Solemos percibir e interpretar lo que sucede en armonía de cómo nos sentimos. De igual manera, solemos sentirnos de uno u otro modo a tenor y en la medida de como interpretamos lo que sucede.

La realidad es, según el tipo de observador y la particular emocionalidad desde la que este observador la observa. La emoción específica determina el espacio, también específico, de las acciones asimismo específicas que creemos posibles. Una misma situación, fenómeno o evento, lo podemos ver atractivo, desagradable, estimulante, inadecuado, etc., a tenor a nuestro estado emocional específico, es decir, en relación directa a si estamos emocionalmente alegres, tristes, rencorosos, curiosos, resentidos, frustrados... Las emociones condiciona la manera como hablamos, el modo como escuchamos, la forma en que interaccionamos y nuestro comportamiento en relación a otros. Ante una misma situación no reaccionamos del mismo modo si nos sentimos contentos que cuando infelices, maltratados o agobiados, culpables, irónicos...

Para ser conscientes de nuestra emocionalidad, de nuestra “inteligencia emocional” conviene distinguir las emociones de los estados de ánimo (o estados emocionales). En otra de mis aportaciones a los Foros de este Master he hablado de ello, no obstante voy a repetirme aunque lo haré breve.

Las emociones son una forma de reacción impulsada por las percepciones acerca de la realidad. Estas son específicas, reactivas y más bien fugaces. Los estados de ánimo son situaciones anímicas más permanentes en el tiempo y menos concretas en relación a acontecimientos externos que los provocaron; son como corrientes profundas en el mar. Uno se encuentra en un determinado estado de ánimo sin saber el porqué, sencillamente está en él.

Así pues, las emociones son reacciones ante acontecimientos externos. Como he dicho son específicas y reactivas ante un hecho externo. Éste las “gatilla”, como la cuerda que tensa el arco…y al soltarla… sale la flecha. La emoción remite al acontecimiento que la provoca. Las emociones colorean la realidad y la percepción de las alternativas para elegir una u otra manera de actuar. Siempre estamos en una emoción concreta y, es ella la que enmarca nuestro abanico de acciones posibles, canalizando nuestro comportamiento.

Los estados de ánimo, no remiten a un acontecimiento específico; ellos están en el trasfondo desde el que actuamos, y a menudo no somos conscientes de ello. Los estados de ánimo son más permanentes en el tiempo, ellos nos pueden “atrapar” no durante espacios de tiempo relativamente cortos sino por días, semanas, meses y años.

Los estados emocionales definen los espacios de posibilidades. Avanzar desde las emociones permite observar como posible lo que creímos que no lo era, y en su caso transformar cada error, cada fallo, en una oportunidad.

Los estados de ánimo y las emociones nos permiten ver un mundo acorde con ellas. Observamos el mundo en que vivimos desde una emocionalidad determinada y ésta va permanentemente cambiando, en un fluir continuo y del mismo modo nos cambia el mundo. La emocionalidad (emociones/ estados de ánimo) pertenece al observador, de tal modo que un mismo acontecimiento tendrá tantas interpretaciones distintas como observadores haya. Las diferencias de observación van en relación directa con el estado emocional específico del observador. El mundo será distinto y las posibilidades diferentes, para un observador que lo mira (observa) desde la emoción confianza, de otro que lo hace con desconfianza, o miedo. La variedad emocional es uno de los parámetros que actúa poderosamente sobre nuestras diferencias acerca de cómo son las cosas y el mundo que vivimos.

Por otra parte, la sucesión de experiencias que generan emociones negativas de manera recurrente puede engendrar un estado emocional restrictivo permanente. Al contrario, la secuencia de emociones positivas puede generar disposiciones para la acción expansivas, recurrentes y permanentes. Este aspecto abre espacios posibilidad para promover y facilitar emociones positivas y deseables, y viceversa, disolver de modo consciente emociones y estados emocionales negativos que limitan la capacidad de acción adecuada.

Pero, siendo todo lo dicho muy importante no es suficiente. No vivimos en compartimientos estancos que nos aíslan completamente a unos de otros. Vivimos junto- con experiencias propias y ajenas. Nuestras emociones se relacionan con las de los demás, con las emociones y estados de ánimo colectivos que los diversos individuos también emiten acerca de lo que sucede. Los estados emocionales colectivos tienen mucho que ver con las opiniones (juicios) de las personas que se relacionan en un mismo ambiente. Por consiguiente, para modificar estados emocionales colectivos no deseados, inadecuados, no es suficiente generar nuevas experiencias que deriven en emociones positivas. La asignatura pendiente, es trabajar incidiendo sobre los juicios (opiniones) colectivos y en concreto acerca de su fundamentación y manejo práctico. No olvidemos que el conocimiento es certeza justificada. Cada individuo justifica la veracidad de sus certezas acerca de sus observaciones del mundo, y tales observaciones dependen del propio punto de vista, la sensibilidad personal y la peculiar experiencia. Por tanto, debemos actuar sobre tres dominios básicos de componentes y relaciones que constituyen nuestra estructura biológica como sistema, a saber: la emocionalidad, el lenguaje y la corporalidad. Tampoco voy a extenderme en esos dominios de observación. Sólo apunto que el lenguaje es en esencia generativo, esto es, puede modificar nuestras relaciones con otros, así como contribuir al crecimiento de nuestra propia identidad en la relación con los demás.

Al igual que sucede con la inteligencia emocional aplicada a nivel individual, cuando pasamos al plano colectivo éste exige hacer conscientes las emociones colectivas. Ello demanda en primer lugar identificarlas, reconocerlas y asumir que ya están. En segundo lugar, admitir las bases relacionales de los juicios (opiniones) que fundamentan las emociones. Y es a partir de aquí posible actuar eficazmente para generar nuevas emociones y estados de ánimo más adecuados con lo que deseamos.

Para trabajar las emociones podemos partir distinguiendo cuatro estados emocionales, a saber básicos: Resentimiento, Resignación, Emprendimiento, Paz. Podemos poner otros nombres distintos, pero a efecto de introducción estos son suficientes. Cada uno de esos estados de ánimo se puede reconstruir de forma lingüística, así en el Resentimiento el lenguaje que subyace es: “Lo que hiciste me hizo daño, sin embargo ahora es inútil y peligroso para mí “ir por ti”, en algún momento pagarás el daño que me ocasionaste”. Resignación: “Nada ni nadie puede mejorar esta situación, no importa lo que yo haga, todo permanecerá igual (de mal)”. Emprendimiento: “Veo buenas oportunidades, cosas positivas y optimistas a pesar de que hay cosas negativas, no obstante, la mayoría de cosas las considero positivas y así continuará en el futuro”. Paz: “Hay cosas que no me agradan y que no las puedo cambiar y también hay cosas que me gustaría hacer pero no puedo, sin embargo agradezco a la vida todo lo que si tengo y todo lo que puedo hacer (que nos es poco)”. No voy a detallar todo el proceso, aunque avanzo que cada uno de esos estados de ánimo describe, perfila y configura un concreto mundo de posibilidades para hacer, actuar y lograr.

El énfasis reside en actuar no sobre las emociones (estas son fugaces), sino sobre los estados de ánimo (más permanentes en el tiempo y de más consecuencias para el individuo) que son los que conforman el estado emocional y las acciones que se pueden lanzar desde él. El objetivo es pasar desde un estado de ánimo restrictivo a otro expansivo, por ejemplo, de Resentimiento a Paz, de Resignación a Emprendimiento. Y esto se hace por fases, paulatinamente.

En la primera fase se parte de un estado mental de diálogo permanente que predispone a identificar emociones y estados de ánimo colectivos. En segunda fases: reconocer por parte de todos, el estado de ánimo colectivo predominante a través de la toma de conciencia relacional de los estados de ánimo, que no siempre resultan explícitos. La tercera fase: indagar y reflexionar acerca de las experiencias que provocaron en el pasado histórico emociones recursivas que llevaron a estados de ánimo inadecuados. Finalmente, gestionar las emociones desde una doble mirada; por una parte, diseñar e implementar nuevas experiencias que generen emociones recursivas, facilitando la aparición de nuevos estados de ánimo; por otra, diseñar un proceso de desarrollo emocional general que facilite el surgimiento de habilidades emocionales en base a fundamentar e interiorizar otros modelos mentales que permitan abrir nuevos espacios desde la convicción y el compromiso colectivos, no desde el resentimiento, la manipulación o la mera utopía.

Podemos aprender emocionalmente, y podemos hacerlo con acciones que incrementen nuestra inteligencia emocional para, asimismo, aumentar nuestra capacidad de acción. El aprendizaje emocional es una de las herramientas más importantes para sacar a la luz estados emocionales restrictivos que nos aprisionan, en particular, para transitar eficazmente desde el Resentimiento a Paz, desde Resignación a Emprendimiento. El aprendizaje emocional pone al alcance de la mano lo que antes era poco menos que imposible. Y a través de este aprendizaje transformamos nuestro obsoleto modelo mental fáctico (no podemos cambiar/ no podemos cambiarlo) en otro modelo, de posibilidad (si podemos cambiar/ si podemos cambiarlo).

Las posibilidades no existen fuera del observador que las define. Ellas siempre están a la espera de que alguien abandone el modelo fáctico y abrace el modelo de lo posible, actuando en consecuencia.

La inteligencia emocional es el arte de lo posible que nos permite dejar atrás limitaciones del estricto racionalismo y venerado CI (coeficiente de inteligencia). Los estados de ánimo y las emociones nos permiten, a modo de nuevos Miguel Ángel, ser diseñadores de nuestra propia vida junto con otros, en una real obra de arte en común, en un contexto de inmenso esplendor.

Desde mi emocionalidad -aquí y ahora- tomo prestadas unas palabras que escuché por primera vez, desde una emoción de optimismo, en una película galardonada por el Oscar: “Esplendor en la hierba”. Palabras, que en este instante hago mías:

“Nada nos devolverá los días del esplendor sobre la hierba, pero nos recordaremos y fortaleza hallaremos en lo que nos queda”.
(William Wordsworth)

Gracias,
V



Pascual José Fernández -

Considero que las emociones tienen suma importancia en nuestro desarrollo, y en consecuencia, sería necesaria un Educación Emocional. Gracias pues, a esta Educación Emocional, entiendo que se obtendrían ventajas como el poder conocer nuestras propias emociones y las de los demás, así como saberlas regular, o ya a modo más general, llegar a ver las cosas de modo más positivo y motivador.

Entiendo por tanto, que ventajas como las citadas, no hacen más que ofrecernos una importante y eficaz posibilidad para adaptarnos mejor a nuestro entorno, en pro de una mejor convivencia.

En definitiva, pienso que la Educación Emocional puede contribuir positivamente al bienestar personal y en consecuencia, al bienestar social, para lo cual también considero que es necesario conocer y reconocer no sólo las propias emociones, sino también las demás, favoreciendo así, el poder empatizar mejor, en beneficio de las interacciones personales y a su vez, de la convivencia.

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